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Una vez a un rey de alma buena
Su mujer la abrió, por ser curiosa,
Al rey se le cayó la baba al ver a aquel primor.
Las invitaciones del bautizo
Otras, con diamantes adornadas,
Las siete eran sus amigas desde tiempo inmemorial,
Después de la iglesia, en un periquete,
Y siete sillones con perlas del mar
Pero en eso se presentó un hada olvidada,
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